El alemán que remó siete años hasta llegar a Australia Oscar Speck
Domingo, 10 Julio 2011 07:21

El alemán que remó siete años hasta llegar a Australia

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La frase “un viaje de mil millas comienza con un primer paso” (1), debería reformularse luego de conocer la travesía de Oscar Speck. 

Podría decirse que su viaje fue disparado por una enorme crisis económica, y comienza con un movimiento de brazos para remar, y no dejar de hacerlo por siete años.

Oscar Speck fue el protagonista de una odisea orientada primero a buscar un trabajo, y luego, a conocer el mundo, desde Ulm, a orillas del Danubio, hasta Australia, atravesando ríos, mares, y océanos, abarcando una gran parte de nuestro planeta. Y todo el tiempo, expuesto a los caprichos del clima, los ríos, el mar, y la propia humanidad, utilizando como vehículo un frágil kayak plegable, una embarcación que precisamente, no estaba diseñada para mayores exigencias.
 
La travesía en solitario a lo largo de 55.000 kilómetros se pudo concretar gracias a un kayak, que en sus propias palabras, fue un “billete de primera clase a todas partes”. En el medio, no faltaron contratiempos para contradecir la “categoría del billete”, hasta arribar a un destino que en tiempos de guerra, tampoco fue el mejor final de viaje, aún a miles de kilómetros de la conflictiva Alemania de la que buscaba alejarse.
 
La historia comienza con un panorama de incertidumbre: la situación crítica de la economía alemana en el año 1932,  encuentra a Oskar Speck, dispuesto a hacer de la crisis una oportunidad. Siendo un contratista eléctrico, se queda sin trabajos que atender en plena depresión en la República de Weimar. La idea de emigrar hacia una posibilidad de trabajo en minas de cobre en Chipre, no resultaba descabellada. Aficionado al remo, y sin demasiado dinero, decide equipar un kayak plegable, y cargarlo en tren para llegar junto al Danubio en la costa de Ulm.
 
Oskar Speck decide partir sin despedirse de nadie, remando con rumbo al Mediterráneo dispuesto a afrontar lo que las variables del clima, la geografía y la propia humanidad le interpongan en su camino
Su modesta intención, incluía además, el difundir la afición por los kayaks desmontables, (la versión moderna de los utilizados por los esquimales). Construidos en madera sólida y con un ingenioso diseño, no eran precisamente los adecuados para embarcarse en una travesía a mar abierto, algo que podría calificarse como una locura: el buen clima durante el viaje, y el saber orientar correctamente la proa para enfrentar las olas, eran una tarea clave para el éxito en la aventura. El riesgo era tanto, como para encontrar más amenazante una ola rompiente que una tormenta en medio del mar.
 
El kayak utilizado en la travesía de Oscar Speck, originalmente para dos personas, fue modificado para adaptarlo a su travesía. Medía unos 5,48 metros, y en él, transportaba una carga total de 294 kilos, entre los que contaba valiosos artilugios y reservas: una brújula, remos de repuesto, cartas marinas, contenedores herméticos donde llevar películas y cámaras, tanques de agua dulce a los costados, conservas de carne y sardinas, ropa, y una pistola que en lo posible, sería mejor no utilizar.
 
Speck, definía a su kayak como un “boleto de primera clase…”. Aunque en la práctica, el boleto podía requerir remar 16 horas sin parar, en medio de una envolvente monotonía, con hombros y brazos doloridos y el anhelo de dormir como si se tratara de un lujo esquivo y distante.

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Tamar Melian

Cuando alimenté a los pobres me llamaron santo; pero cuando pregunté por qué hay gente pobre me llamaron comunista.

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