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Regular la indecencia

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La corresponsal en la zona para el medio de comunicación Periodismo humano Carmen Rengel contaba estos días cómo con fuego, hachas y veneno se matan los olivares en Cisjordania.

Aún no ha comenzado la campaña aceitunera y ya van 139 ataques a cultivos, muchas decenas de miles de árboles dañados por colonos israelíes, según la Autoridad Nacional Palestina.

 

Antes los limoneros, ahora los olivares. Más de cien mil trabaja­dores dependen directamente de es­te sector. La violencia ha rebajado la producción hasta el 29 por ciento del total, y con más de un 40 por ciento de paro no es fácil encontrar trabajo en Cisjordania, no es fácil vivir con dignidad, un elevado nú­mero de familias depende de las aceitunas, del olivar.

 

Los controles militares, las li­mitaciones de maquinarias y el mu­ro ayudan a bloquear el sector más importante de la economía de Cis­jordania. Una vez más, un nuevo terrorismo al servicio del opresor.

 

Paradojas del destino. Andalu­cía es el primer país productor de aceitunas de mesa del mundo y por causa de otro tipo de bloqueo o de terrorismo, el del monopolio eco­nómico del sector y la crisis de valores, los agricultores de Andalu­cía se encuentran al final de la campaña de recolección con un descenso en los precios de casi un 50 por ciento menos que el pasado año.

 

Hace más de diez años, el kilo de aceituna de mesa en Andalucía se pagaba a 150 pesetas; en estos momentos están ofreciendo los mo­nopolios industriales del sector 50 céntimos de euro.

 

Al igual que en Cisjordania, miles de familias depositan su es­peranza de vida para todo un año en el olivar andaluz y de la misma manera, aunque por circunstancias diferentes, ven frustradas sus espe­ranzas de vida con dignidad. Aquí, la indecencia, la falta de ética y la utilización de la situación de crisis son los elementos con los que se están dañando, maltratando y lle­vando a una situación de precarie­dad no solo a los olivares sino a to­das las familias que dependen de los mismos para sobrevivir. Aquí, por el descaro y la impunidad de quienes marcan los valores del su­dor y el trabajo de mujeres y hom­bres con precios de desigualdad y terror, de dictadores privados que utilizan la ocupación de un territo­rio, hogares y vidas, desde sus des­pachos financieros con la pasividad del cómplice silencio de las admi­nistraciones públicas, sindicatos y patronal (qué vergüenza el papel patético de todos ellos, que han si­ do incapaces de regular y poner freno a esta inmoralidad, la de solo, como siempre, unos pocos).

 

En Andalucía se paga a los agricultores al precio que se pagaba hace 35 años. Sin embargo, según los datos del último Índice de Pre­cios en Origen y Destino (IPOD), correspondiente al mes de julio, es­te producto ve incrementado su precio un 500 por cien del campo a la mesa.

 

Insisto: ¿dónde esta el papel de la administraciones públicas y or­ganizaciones agrarias, que son in­capaces de movilizarse y de defen­der los derechos de los agricultores frente al envenenamiento y los tan­ques de los dictadores privados del sector en España? ¿Quiénes están detrás de estos acuerdos de precios abusivos e inmorales? ¿por qué su total impunidad? ¿a quiénes repre­sentan? Les aseguro que a los agri­cultores y consumidores les gusta­ría saberlo. Los palestinos y pales­tinas, para su desgracia, ya conocen muy bien quiénes son los que coar­tan su libertad y su dignidad como pueblo. ¿Quién coarta la dignidad de los olivareros andaluces?

 

En Cisjordania, los ataques te­rroristas de los ocupadores a los ocupados; en Andalucía, el cómpli­ce silencio del Gobierno a favor de los dictadores privados de los mo­nopolios.

 

La peor crisis del siglo XXI es la de los valores morales junto a la indiferencia, y así nos va. Es una obligación de tod@s regular el or­den social de la igualdad y la justi­cia , aquí y en Cisjordania.

 

CAMBIO 16

 

Cristina del Valle

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