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¿Borbones o Corleones?

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Las cuestiones de estado deberían quedar al margen de las personales. Tan absurdo es profesar la fe monárquica a lomos del ‘juancarlismo’ como

convertirse al republicanismo cabalgando la ‘ola Urdangarin’.

Que el primero sea un hombre campechano y el segundo, un pícaro -ambos en grado de presunción- son cuestiones irrelevantes. Con su voluntad de permanencia, nada preserva a la monarquía de incurrir en el futuro en la fórmula inversa y tampoco en ese hipotético caso un yerno carismático debería servir para redimir a un rey tóxico.

 

Tal y como nos enseñó Coppola en ‘El padrino’, el liderazgo en las estructuras hereditarias por vía sanguínea no depende del sufragio de sus componentes, sino del respeto adquirido en la ardua labor de preservar intacta la organización. Es un lugar común señalar que el actual monarca se ganó su puesto vitalicia en el transcurso de aquel turbio 23-F. Sin embargo, en las familias honorables, se hereda el cargo, no así los méritos sobre los que éste se sustenta.

 

Una sociedad madura debería sopesar las ventajas e inconvenientes de la monarquía parlamentaria al margen de los méritos acumulados por el titular de la misma, al fin y al cabo, una cuestión meramente genética. Por lo demás, cuando se apela al ‘ejemplo impagable de la reina’ se evoca su gran profesionalidad en el ejercicio del cargo, un hecho que queda fuera de toda discusión aún en el hipotético caso de que aborrezca al pueblo español. La ecuación debería funcionar también a la inversa.

 

Ahora, la Casa Real ha aclarado que desde 2006 estaba al corriente de las maniobras ‘urdangarinescas’. La pregunta es ¿y quién no? Hay que hacer un gran ejercicio de escapismo para abstraerse de la maravillosa actividad económica que delata la adquisición de una casa por seis millones de euros a cargo del miembro de una familia que percibe ocho millones para su propia manutención.

 

Ya entonces, el Rey demostró ser un alumno aventajado de las enseñanzas de los Corleone, recomendando a Urdangarin una temporada en el extranjero, una audaz maniobra que remite directamente a la estancia de Michael en Sicilia. En cuanto a las insinuaciones de encubrimiento que empiezan a planear sobre el monarca, a día de hoy ya están obsoletas: las fotos a todo color de la reina junto a la pareja en la capital estadounidense las han superado por elevación.

 

Fuente alertadigital.com

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