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Las mujeres-yeti invaden París en la mayor retrospectiva del impúdico dibujante Robert Crumb

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"No sé si es un viejo dibujando como un joven o un joven dibujando como un viejo". Alguno de sus veteranos camaradas de parranda de los años sesenta enunció esta frase tras ver por primera vez la obra de Robert Crumb (1943), quizá el dibujante más conocido e influyente de la segunda mitad del siglo XX.

Un artista que no puede ser encajado —he ahí su grandeza— en ninguna corriente y, al tiempo, las ha marcado todas desde que empezó a desarrollar su tema favorito: hablar de sí mismo y sus obsesiones, sobre todo las impúdicas, a través de dibujos.

 

La mayor y más completa exposición nunca antes organizada sobre Crumb llega un año antes de que el artista cumpla 70 y se celebra en su país de adopción desde 1991, Francia. Crumb, De l'Underground à la Genèse (Crumb, del underground al Génesis) está en cartel en el Musée d’Art moderne de la Ville de Paris hasta el 19 de agosto. Las entradas cuestan entre 4 y 8 euros.

 

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Fanzines 'underground'

 

El tamaño de la retrospectiva no desmerece de la enorme y variada obra del dibujante. Hay en exhibición 700 dibujos originales, cuadernos de bocetos que los visitantes pueden hojear y más de 200 revistas underground que Crumb autoeditaba —entre ellas Head Comix, The East Village Other, Snatch Comics, Big Ass Comics, Weirdo y la mítica ZAP, el fanzine que el artista dibujaba desde la primera hasta la última página, distribuía en persona por las calles de San Francisco en 1967 y que con el tiempo se convirtió en punto de encuentro de otros dibujantes underground: S. Clay Wilson, Victor Moscoso, Rick Griffin y Gilbert Shelton.

 

Rechazó hacer una portada para los Rolling Stones y le regaló otra a Janis Joplin También se exhiben pases del documental Crumb (Terry Zwigoff, 1994), ganador del Premio Especial del Jurado en el Festival de Sundance de 1995; se ha editado un catálogo con parte del material expuesto y se han organizado conciertos de música de jazz de principios del siglo XX —Crumb es un fanático del coleccionismo musical de viejos discos de acetato, ha tocado en bandas de aficionados, recopilado colecciones de canciones extrañas y difíciles de encontrar y dibujado unas cuantas cubiertas de discos, aunque siempre anteponiendo la pasión personal al negocio: se dió el gusto de rechazar hacer una portada para los Rolling Stones, pero le regaló otra al grupo de su amiga Janis Joplin—.

 

Mujeres enormes, peludas y dominadoras

 

La estructura de la exposición responde a las grandes obsesiones de este artista plural, anarquista y revolucionario: amor-odio-miedo a las mujeres, sexo, música, mundo moderno —por cuyas reglas de juego, que reconce no entender en absoluto, siente paranoia— e introspección. Hay, por supuesto, muchos ejemplos de esas chicas-yeti rotundas, enormes, peludas y dominadoras a las que Crumb venera (su esposa Aline pordría ser una de ellas: tiene músculos y puede levantarte en vilo) y dibujos primarios de los grandes héroes de los cómix (expresión que prefiere a cómic, que le parece académica) del estadounidense: Mr. Natural, el gurú jodechinches; Fritz the Cat, el gato humanizado que sólo piensa en vulvas; Shuman the Human, Bo Bo Bolinski, Horny Harriet y Boingy Baxter.

 

La obra de Crumb desafía los límites de los comics Autor prolífico y personalidad fascinante, el trabajo de Crumb, dicen los organizadores de la exposición, "ha influido profundamente en el mundo del cómic durante dos generaciones. De característica flexible, densa y fácilmente reconocible, la obra de Crumb desafía los límites de los comics y explora áreas como la familia, el sexo, la música, los hippies o el dinero, pero su mayor inspiración es él mismo, que no duda en ponerse al descubierto con un recuento de sus obsesiones, sus relaciones con las mujeres y su visión de la vida".

 

"El Brueghel de nuestro tiempo"

 

Hijo de un marine violento y una madre ultra católica y adicta a las anfetaminas, Crumb y sus cuatro hermanos encontraron en los cómics y los dibujos animados un mundo paralelo y dulce.  Luego llegaría la explosión hippie, de la que formó parte sin desearlo ("nunca fui uno de ellos, sólo tengo una pasión en la vida: el sexo") y algunos pleitos por supuesta pornografía. Llamado, no sin razón dada su satírica y caústica visión de la vida, "el Brueghel de nuestro tiempo", ha sido comparado con Mark Twain por su afiladísimo humor.

 

Desde que se estableció en Francia ha abierto su paleta temática. Con el escritor David Zane Mairowitz produjo una biografía de Kafka y en 2009, tras cuatro años de trabajó, publicó su visión del bíblico Génesis. Su último libro, Háblame de amor (2011) está escrito y dibujado en colaboración con su mujer, Aline Kominsky-Crumb.

 

 

Fuente: 20minutos

 

 

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