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Pero vamos a ver, si a usted le atracan, ¿tiene derecho a defenderse aunque le haya abierto la puerta al atracador creyendo que era el técnico del gas que venía a arreglar la caldera estropeada por los socialistas?
La culpa no es de los políticos, sino de los ciudadanos. Porque lo peor de la actual situación de España radica en la impotencia de unos y la conformidad e indiferencia de otros, que son los más numerosos. Y no hay forma de convencerlos, a pesar de que también reniegan de la situación.
Llevan toda la vida recordándole al Estado que si no fuera por Cáritas a ver de qué iban a comer las miles de familias que cada día son atendidas por la organización del voluntariado católico. Pero en el momento mismo en que el Estado se ve obligado a imitar a Cáritas dando de comer a los pobres entonces se burlan…
Hacerse el gilipollas es un derecho que debería ser contemplado en la carta esa de los derechos humanos. Yo me hago mucho el gilipollas, y da como una especie de vientecillo de libertad en las orejas. Además, nunca he sido demasiado listo, y hacerme el gilipollas me resulta bastante fácil.
Supervivientes de campos de concentración nazis han pedido a la número dos del PP, María Dolores de Cospedal, que rectifique sus palabras con las que calificó las protestas antidesahucio ante las viviendas de los políticos, denominadas escraches, de “nazismo puro”.
¿Es democracia aprobar una ley importante con los votos de un solo partido aunque tenga la mayoría absoluta con un 44% y en contra de todos, absolutamente todos, los demás partidos y de la insólita iniciativa popular de un millón y medio de ciudadanos que presentan y exigen una ley que atienda las demandas sociales?
No existe espectáculo más desolador que abrir una nevera y que no haya nada dentro. ¿A cuántos españoles les ocurre eso?
Estamos ya hasta la coronilla de soportar las campañas mediáticas teledirigidas desde Génova 13. Sí, hasta la coronilla.
Un banco a punto de ser rescatado se parece a una familia a punto de ser desahuciada en que ambos han contraído una deuda que no pueden pagar. Sin embargo, mientras en el primer caso el Estado sale en auxilio del deudor cubriendo sus números rojos con dinero público y en los términos que marca la ley.
Plato 1: Uno de los más serios y graves, si no el que más, problemas actuales de España y su democracia es el prácticamente total monopolio de la derecha sobre los medios de comunicación, claramente volcados en defensa del Partido Popular.
En mi hambre mando yo, dejó escrito José Luis Sampedro. Pues no llevaba razón: En mi hambre manda la Unión Europea. Y en la de todos los españoles.
Hoy estamos viendo en España, incluyendo en Catalunya, la crisis más profunda que haya existido desde el momento de la Transición, crisis que no es sólo financiera y económica, sino también política. 
Una muy amplia cantidad de españoles leemos todos los días los periódicos o escuchamos la radio a la espera de ser informados del escándalo del día. Y los demás ciudadanos, cuando se enteran, lo consideran usual y no sorprendente.
España ya no es la que era, ni siquiera la que iba a ser. Cientos, miles, docenas de miles de chavales agarran el petate y se largan al extranjero, donde sea, cuanto más lejos mejor.
Lo que más me repugna de Rajoy y me hace despreciarle profundamente es el sufrimiento que inflige a los españoles sin la menor muestra de estar compungido. Revela una crueldad fría y suprema, sin – no se rían, por favor – 
El viejo rey de España  (75 años) ha reaccionado sorprendido, y mostrando su apoyo al fiscal, en la imputación de su hija la infanta Cristina (47 años) por el juez instructor Castro. Malo.
Previsiblemente la más y muy trascendental consecuencia de la imputación de la Infanta Cristina es que el bipartidismo se ha acabado en España y los dos principales partidos saltarán por los aires y dejarán de gozar del apoyo de los ciudadanos por el firme enroque que ya han hecho y publicitado en defensa de la Monarquía.
El pueblo español no tiene arreglo. Todo el mundo lleva meses pidiendo la imputación de la Infanta Cristina, y el mismo día en que la imputan ya todo el mundo dice que todo quedará en nada.
Junto con el odio, el miedo es el otro ingrediente de la sociedad y política españolas actuales. Somos presas del miedo en toda actividad de la vida pública. De lo pequeño a lo grande tenemos un tejido social impregnado de miedo.
En todos los órdenes, en todos los momentos, en todas las situaciones. La historia del progreso de la humanidad es la historia de la lucha de los débiles contra la opresión de los fuertes. Por eso la ley hay que conculcarla cuando los poderosos que la han legislado abusan y reprimen lo avanzado.
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