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Impuestos

Si alguien de verdad pensaba que sin subir los impuestos se puede llevar a cabo el estado del bienestar, está equivocado. SUpongamos que el estado es como una comunidad de vecinos. 

Hay que pagar al jardinero que nos cuida el cesped del jardín, hay que pagar a la empresa que se dedica a limpiar los portales, hay que pagar, además, a los socorristas y empleados de nuestra piscina (porque bien que nos gusta bañarnos en veranito; también hay que dejarse dinero en las reformas que requiere todo edificio, además de la limpiezas de los garajes, del mantenimiento de la iluminación, y ese largo etcétera que todos conocemos.

 

Para ello, no nos queda más remedio que subir la cuota de la comunidad y apechugar todos, para que sigamos manteniendo esa bonita piscina, el césped bien cortadito, los portales limpios, un garaje que no se nos caiga encima, y una buena iluminación para cuando volvemos a las tantas de la noche después de una buena juerga. Claro que, para eso, tenemos que ser responsables y conocer las repercusiones de nuestro modo de vida.

 

Pues bien, si lo asumimos en nuestra casa, ¿cómo pensamos que podremos sacar adelante las carreteras, los aeropuertos, los trenes, la sanidad, la educación, los servicios sociales, correos, becas y demás asuntillos estatales, públicos, es decir, nuestros, sin poner dinero?

 

Es demagogia pura decir que el estado del bienestar se sostiene sin necesidad de subir impuestos. El estado el bienestar es público, y todo lo público necesita de ingresos que sólo aportamos con los impuestos (sobre todo desde que vendimos nuestras empresas públicas al sector privado en la época Aznar). Por lo tanto, no hay que dejarse engañar: quienes nos dicen que pueden asumir el gasto público sin subir los impuestos, realmente nos están diciendo que pueden privatizar todo lo que pillen para así no tener que subir los impuestos.

 

Pero esto esconde un peligro inmenso: el sector público gasta dinero para asegurar igualdad de oportunidades (aunque no lo haya conseguido aun, entre otras cosas, por las desigualdades generadas por el sistema autonómico), y el sector privado genera desigualdad. El único interes de lo privado es el beneficio material, cosa a la que solo se llega vendiendo al mejor postor.

 

Si nos imaginamos, por ejemplo, la sanidad privada, veremos que quien tenga dinero, puede tener médico, medicinas, y puede curarse; quien sea pobre no tiene ni siquiera la oportunidad. Con la educación, tres cuartos de lo mismo.

 

Y eso es lo que se nos viene encima, porque no podemos olvidar que la mal llamada izquierda (el PSOE) se suponía que era defensor de lo público, y lo ha dinamitado. No quiero ni imgarinar lo que se nos viene encima con el gobierno de los mal llamados “liberales”, que solo responden a la llamada sagrada del beneficio material, cuyo único Dios es el mercado, ese fantasma de marioneta dirigido por las grandes empresas privadas.

 

 

Fuente javiersanz.wordpress.com

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Escrito por Vinilo

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