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El paro que no cesa

Si 359.600 españoles hubieran emigrado durante el primer trimestre del año, no habría aumentado la cifra de paro en tal cantidad, señalada por la Encuesta de Población Activa conocida hoy. Puede parecer cruel y disparatada esta afirmación, pero el Presidente de la Comisión Europea.

Van Rumpuy, argumenta que sería deseable facilitar que los trabajadores vayan allí donde están los empleos, esto es, a los países que necesitan gran cantidad de mano de obra, como Reino Unido, Alemania y varios nórdicos.

 

Defiende, pues, que vuelva la emigración, no la de Juanito Valderrama o Alfredo Landa, sino ahora mucho más cualificada y en mejores condiciones laborales y sociales. Cuestión distinta, y algún día sujeta a responsabilidad política, es por qué esos países necesitan abundante mano de obra, y nosotros no.

 

Dada la incapacidad de los políticos españoles para solventar este lacerante problema, el mayor imaginable, no es descabellado al menos debatir y valorar la proposición de van Rumpuy. Cierto que el ser humano ha dejado de ser nómada; cierto también que la ruptura aun momentánea del arraigo y de los vínculos afectivos origina dolor; cierto que, superada la primera juventud, la emigración no resulta cómoda. Pero cierto también que hoy la emigración ya no es la de antaño, con las posibilidades de viajar y la abundancia de medios de comunicación personal que alivien nostalgias; cierto asimismo que si los estudiantes la aceptan para Erasmus, no hay razones sólidas para que los trabajadores no la acepten, aun con más largo y menos privilegiado recorrido; cierto que el mundo se internacionaliza y globaliza, y no es cruzar el charco en condiciones de pobreza o viajar a Europa con una maleta atada con una cuerda.

 

No es humillante, no supone un retraso sociológico o económico: es una posibilidad de aliviar lo que nos corroe y destruye. No es toda la solución, evidentemente, pero es una parte de la solución.

 

No tengo opinión firme sobre ello, ustedes dirán la suya, pero no conozco a ningún emigrante que se haya arrepentido y no sienta empatía hacia el país que lo ha acogido y solucionado la vida. No me insulten, por favor.

 

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Gota de la INMORALIDAD SANITARIA: La Generalitat Valenciana privatiza la gestión de toda la sanidad pública. Los funcionarios continuarán dependiendo de la Consellería de Sanidad, y se garantiza la gratuidad. Se prevé que pronto se extienda a toda España. El negocio de la privatización. ¿O las empresas que se queden con esa gestión lo harán por amor al arte?

 

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Gota BÉLICA: España exportó armas a Bahrein, Arabia saudí y Egipto en plena Primavera Árabe. Silencio culposo y doloso.

 

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Gota SORPRENDENTE: Sorprendente para mí, que por una vez estoy de acuerdo con Mayor Oreja cuando dice que si Rajoy y el Gobierno no van a cambiar nada de la política antiterrorista, ¿para qué presentan un plan?

 

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Gota de la TOMADURA DE PELO A CREYENTES (Y NO CREYENTES): El secretario de la Conferencia Episcopal, Monseñor Camino, aclara que la Iglesia no sabe si los gays van al infierno.

Arturo González

 

Publico.es

 

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Escrito por Tamar Melian

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