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Rajoy se siente reconfortado

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Aznar era políticamente una mala persona. Felipe González, un vanidoso descuidado. Zapatero, políticamente endeble. Pero Rajoy es simplemente un necio. Es asombroso que los españoles hayan elegido a este señor como presidente.

Pero es aún más asombroso que una buena mayoría continúe sustentándole. A lo que se ve e intuye, los españoles somos de mala calidad democrática.

Porque es de necios decir, ni aun de pasada, que ‘nos preocupamos demasiado por lo material, y que al final los seres humanos somos sobre todo personas, con alma y con sentimientos, y esto es muy bonito y me reconforta mucho’.

 

¿De qué quiere el señor Rajoy que estén preocupados los cinco millones de parados, los millones de españoles que viven en la pobreza, los pensionistas que ni haciendo equilibrios pueden llevar una vida digna, los seiscientoeuristas o los funcionarios que ven amenazados sus puestos de trabajo, los mendigos en las puertas de los híper? No está el horno para sentimentalidades ni espiritualidades. Es insultante que quien lo dice, ni sus centauros, no esté preocupado por lo material al tenerlo asegurado con suficiencia y alevosía. Necio, cínico y consciente o inconscientemente cruel.

 

 

La crueldad, el gran pecado de los gobernantes poderosos. Se les va el impulso político en romerías, códices y plegarias. Con su sentimentalidad de plástico y cartón-piedra. La sentimentalidad de la mentira. Rajoy no ha dicho una verdad en su vida, ni cuando estaba en la oposición ni desde que está en el Gobierno. Siempre hace y dice lo contrario de lo que hizo y dijo. La sentimentalidad de machacar al débil. La espiritualidad de no llamar a las cosas por su nombre para desnaturalizarlas. La espiritualidad de reprimir con dureza los actos cívicos y amenazar las libertades más esenciales. La espiritualidad de ceder ante los terroristas como si no cediera y antes tanto condenaba. La espiritualidad de impedir que las mujeres dispongan de su cuerpo.

 

La espiritualidad del servilismo europeo. De la restricción brutal de la cultura y la enseñanza. La espiritualidad indecorosa del control obsceno de la televisión y la radio públicas. La espiritualidad de los niños con tartera. La espiritualidad de su sumisión al Opus Dei. La espiritualidad de vender armas. La espiritualidad de condonar deudas y fraudes de los ricos. La espiritualidad de poner en peligro la salud de los españoles.

 

Del estúpido intento de convertirlos en cómplices aprobadores de sus recortes. La espiritualidad de no tener la menor sensibilidad social. La espiritualidad de su zafiedad ideológica. La espiritualidad de la gran paradoja de los de su capa, casta o clase social. La espiritualidad de sentirse reconfortado con su alma y la necedad de sus sentimientos tan bonitos. Rajoy o la espiritualidad de la injusticia social que apadrina.

 

Arturo González

 

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Fuente: publico

 

 

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