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Ana Botella, la alcaldesa no elegida de Guadalmina

Releía yo el periódico a la sombra de un sombrajo, cuando hete aquí que percibí como un cierto olor a rancio a la espalda ese establecimiento más que pijo y más que rancio conocido como Hotel Guadalmina, que ya ha pasado por más manos en su propiedad que Ava Gadner.

Vi en lontananza la figura de doña Ana Botella, quien recibía parabienes por doquier de señoronas del barrio, mientras esperaba a su marido don José María Aznar que debía estar dándole a la bolita o haciendo abdominales, según cuentan. Resulta que era ya 25 de agosto y la ciudad de Madrid, que está en quiebra, sucia y somnolienta, no debe necesitar regidora porque ahí estaba la dama Fazmatella (no pude ver a “el bigotes”, aunque lo busqué, que fuera en otros tiempos su edecán preferido y de cámara), disfrutando de la arena gruesa y negra de las playas marbellíes.

 

Cinismo

Estoy seguro que la señora esta Botella dirá cuando se le pregunte que ha estado todo el día atenta a lo que sucedía en la capital y amontonando sus desvelos por todos los esquilmados contribuyentes a los que ha subido de forma inmisericorde impuestos, tasas y demás basuras. Esta sujeta cree que todo el mundo vive igual que ella… ¡de la política!

 

Instalada pura y dura

 Yo conocí a Botella cuando era una oscura funcionaria del Estado, eso sí ya con grandes pretensiones, y a fe que ha conseguido sus propósitos. Poder, dinero (a raudales), parafernalia, oropel, lo más parecido a lo que los indignados llaman “clase política” instalada. Se lo debe todo a la política aunque luego sus conmilitones de FAES arremetan sin piedad contra la izquierda “que se dedica a la política para comer y medrar…”.

 

¿Qué sería de este matrimonio sin la política, sin Fraga y sin el PP? ¡Nada! Dos funcionarios de rango muy inferior al de abogados del Estado o registradores mirando el euro a final de mes porque, entre otras cosas, tendrían que pagarse los gastos de su propio bolsillo.

 

Con unos ingresos (algunos de ellos de las arcas públicas) de fábula, inmunes a la crisis, no pueden entender que hay millones de españoles que no sólo no pueden jugar al golf en Guadalmina, viajar por cuenta del Estado con chófer y escolta, etc… es que apenas pueden comer. A ellos les trae al pairo… ¡Que no hubieran votado a Zapatero!

 

Lo malo que tiene tanta instalación por cuenta ajena es que al final se termina creyendo que es de verdad. Le pasó a su marido y le pasa a ella, según cuentan. Y eso que todavía no ha pasado por las urnas…

 

Franco

Cuando contemplé el espectáculo de la antigua moradora del palacio de la Moncloa con esos aires de deberle y no pagarle pensé en lo que me dijo personalmente hace veinte años en un hotel de Sevilla donde se coronaba emperador de la derecha al pequeño saltamontes.

 

-“¡Me hubiera gustado conocer a Franco…!”

 

¡Y tanto! En lugar de doña Ana creía estar viendo a doña Collares.

 

En lugar de guardia mora

A eso de las 14:30 vi alejarse al matrimonio por la trasera del susodicho hotel (Guadalmina) rodeados de no menos de tres guardaespaldas que pagamos todos nosotros. Aquel llevaba guardia mora; estos, funcionarios bien pagados por protegerles.

 

Así, oigan, es fácil dar lecciones respecto a la necesidad de los recortes y la imperiosa austeridad. Hace falta tener mucha jeta para predicar una cosa y practicar la contraria y al que osa descubrirles mandarle al patíbulo. Siempre fueron así, aunque lo disimularon hasta llegar al poder. Ahora, ya entrados en años, sólo se puede esperar de ellos pena. Pena que dan ante tamaño espectáculo de dos “ordinary people” en esencia pura auto-convertidos en estadistas.

 

Graciano Palomo

 

 

Fuente: 

Escrito por Tamar Melian

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