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El gran error de Rajoy

La gran equivocación de Mariano Rajoy ha sido no meter en la cárcel a Luis Bárcenas.

Si ya sé que rige, o al menos es una convención generalmente aceptada, la división de poderes y la presunción de que el jefe del Ejecutivo no puede suplantar a los jueces, que tienen la exclusiva sobre el terrible poder de disponer de la hacienda y la libertad de los delincuentes.

Sin embargo no son difíciles de detectar las puertas giratorias del Ejecutivo con los otros dos poderes del Estado, el Legislativo y el Judicial, como no es difícil vislumbrar las puertas que llevan del Ejecutivo al mundo de los negocios.

 

Mariano Rajoy, al percatarse de los 22 millones de euros que el extesorero del PP tenía depositados en una sucursal del Dresner Bank en Suiza debería haber excitado el celo de Eduardo Torres-Dulce que para eso le nombró fiscal general del Estado.

 

No habría tenido demasiadas dificultades en que un juez metiera al tesorero infiel en prisión para que no huyera a alguno de sus paraísos fiscales. O de los otros.

 

El presidente no fue capaz, quizás por su carácter quietista que le dificulta la toma de decisiones drásticas y que le aconseja esperar a ver qué pasa.

 

Quizás temiera que si Luis Bárcenas entraba en prisión cantara de pleno pero incurrió con su inacción en el peor de los males posibles.

 

Lo digo, obviamente desde la perspectiva de los intereses de Rajoy; lo sostengo como simple columnista que trata de explicar lo que pasa desde su particular punto de vista.

 

Lo que yo quisiera, como tantos españoles, es conocer que ocurre con las finanzas del Partido Popular y que sirviera de escarmiento para dificultar un poco más la financiación ilegal de los partidos políticos.

 

Pero, insisto, desde el punto de vista de los intereses del presidente del Gobierno creo que lo mejor es que hubiera hecho lo posible para que Bárcenas ocupara una plaza en un centro de rehabilitación del Estado.

 

Rajoy puede tener una razonable seguridad de que una vez en la cárcel la credibilidad del interno caería por los suelos.

 

Es lo que ocurrió, por ejemplo con Javier de la Rosa que denuncio a todo bicho viviente, desde el Rey hasta la familia Pujol.

 

Y lo que ocurrió, en menor medida, con Mario Conde pues este jugó sus cartas con más inteligencias y consiguió empantanar algo más el campo de juego. Pero hizo más daño fuera que dentro de la cárcel. Desde que ingresó en Alcalá- Meco ya nada fue lo mismo.

 

Lo peor es lo que está ocurriendo ahora, que todo el mundo percibe que Mariano Rajoy está pendiente de lo que pueda soltar quien él ascendió en mala hora al cargo de tesorero, el de mayor confianza o el de mayor peligro .

 

A diferencia de los jueces que caminan con lentitud procesal la opinión detecta instantáneamente, en tiempo real como se dice ahora, con la simple aplicación de su pituitaria, los males olores.

 

Afortunadamente la civilización ha avanzado lo suficiente para no aceptar linchamientos populares y confiar a la justicia el juicio sobre las conductas criminales.

 

Pero la opinión pública hace su propio juicio político y lo ha emitido respecto a la sospechosa relación de Luis Cárdenas con Mariano Rajoy.

 

La gente percibe entre ambos lo del chiste del dentista, de cómo el paciente coge al dentista por los testículos y le dice: “¿Verdad, doctor que no nos vamos a hacer daño?.

 

El astuto Bárcenas está mostrando una habilidad diabólica para filtrar y desmentir, para tirar la piedra y esconder la mano al tiempo que Rajoy no osa pronunciar su nombre y mucho menos presentar una demanda ante los tribunales.

 

Hay quien dice que Jorge Trías, quien fuera diputado del Partido Popular, abogado y gran amigo del tesorero, es una pieza importante en este tira y afloja.

 

Que Mientras Bárcenas dice “esta letra no es mía” su amigo Trias asegura que vio los sobres que el tesorero proporcionaba.

 

Podríamos estar asistiendo a la representación de testimonios contradictorios ante el juzgado y la prensa perfectamente pactados entre ambos actores.

 

Y el pobre Rajoy en medio temiendo cada mañana al despertarse que le sirvan un nuevo sapo con el desayuno.

 

José García Abad es periodista y analista político

 

 

Fuente: elplural.com

 

 

Escrito por Tamar Melian

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