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Un monóculo olvidado en el asiento de mi taxi

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Nunca antes había visto un monóculo, y mucho menos olvidado en el asiento trasero de mi taxi. Lo encontré de casualidad, limpiando la tapicería. En un principio pensé que era la mitad de una gafa que alguien pudo olvidar y partir sin querer, pero al tomarlo no encontré fisura alguna, sino una montura circular y perfecta con un solo cristal bastante fino.

El caso es que al cogerlo, no pude evitar dejarme llevar por la curiosidad, y traté de insertármelo en el hueco del ojo. Tuve que elevar la ceja y contraer un poco el pómulo, pero una vez encajado no me fue difícil mantenerlo en su sitio aunque eso sí, sin parpadear. Imposible cerrar el párpado. Sin embargo me extrañó verlo todo exactamente igual a través de aquel cristal. Parecía no estar graduado. ¿Para qué servía entonces? ¿se trataba tan solo de un adorno?

 

Lo guardé y volví al trabajo. Busqué una parada de taxis y, mientras esperaba mi turno, me asaltó la tentación de ponérmelo sólo por ver cómo reaccionaban los clientes. Así que me coloqué el monóculo en el ojo, abrió la puerta una mujer y sin apenas mirarme me indicó su destino. Ella no se fijó en mí, pero a mí me sucedió algo extrañísimo. Observada desde el ojo izquierdo me pareció una mujer de lo más normal, pero con el ojo del monóculo resultaba mucho más atractiva, como llena de matices asombrosos.

 

Llegué a fijarme incluso en una pequeña cicatriz bajo el labio que le daba un toque de lo más sexy. Pero no sólo me pasó con ella. Al iniciar la macha, la calle y los edificios y los árboles se me antojaron mucho más bellos a través del monóculo. Entonces me di cuenta del motivo. No era el cristal el culpable, sino la imposibilidad de cerrar el párpado por culpa del monóculo. Era esa fracción de segundo de cada parpadeo la que hasta ahora me hacía ver el mundo como a intervalos, y por lo tanto se me escapaban cosas. Sin embargo ese otro ojo siempre abierto, me obligaba a permanecer en un perpetuo asombro.

 

Por eso me acabé comprando otro monóculo y ahora voy con los dos, y todo es nuevo. Y fascinante.

 

Daniel Diaz

 

 

Fuente: 20minutos.es

 

 

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