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¡Los pobres son nuestros!

Llevan toda la vida recordándole al Estado que si no fuera por Cáritas a ver de qué iban a comer las miles de familias que cada día son atendidas por la organización del voluntariado católico. Pero en el momento mismo en que el Estado se ve obligado a imitar a Cáritas dando de comer a los pobres entonces se burlan de él y lo llaman de todo.

Para ellos la caridad son ellos y solo ellos. Aquí no puede ser caritativo ni Dios si no tiene el visto bueno de la derecha.

 

El anuncio de la consejera andaluza Susana Díaz de que la Junta prepara un decreto para garantizar al menos tres comidas al día a los niños pobres, ahora llamados niños en riesgo de exclusión, ha cogido con el pie cambiado a los titulares de toda la vida de las obras caritativas. El periodista de la cadena episcopal Ernesto Sáenz de Buruaga se burla de la iniciativa. El ABC hace lo mismo tildándola de Revolución Bolivariana de Andalucía. El siempre ocurrente diputado por Almería Rafael Hernando dice que con el bipartito Andalucía parece Etiopía. La dirigente Rosario Alarcón pide al Gobierno del PSOE e IU que “no juegue con la gente” haciendo demagogia.

 

Lo que parece indignarles no es que en Andalucía haya demasiados niños pobres que no pueden hacer tres comidas al día, sino que el Gobierno autonómico tenga la desfachatez de meterse en un terreno, como es el de la caridad, que siempre ha sido propiedad exclusiva de la gente de orden. ¿Pero adónde vamos a ir a parar, por Dios? A ver si va a resultar ahora que cualquiera puede darle de comer a un pobre así como así. No, señor. Los pobres son nuestros, maldita sea. ¡Nuestros, nuestros y nuestros! Y el que quiera darles de comer que se ponga a la cola.

 

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Y mientras en la derecha se mofan de la izquierda por querer birlarle a sus pobres, en las bases de la izquierda cunde un desconcierto tirando casi a metafísico: esto que va a hacer el Gobierno andaluz, ¿es solidaridad o es caridad? Porque si es lo primero, vale, bien, sin problema, es lo nuestro de toda la vida, donde hay necesidad ahí están las políticas sociales para ponerle remedio, pero si es lo segundo entonces a la parroquia roja se queda descolocadísima, pues lo propio de la izquierda es ampliar derechos, no dar limosnas. ¡A ver si va a resultar ahora que los pobres se piensan que todos somos iguales y que nuestra comida tiene el mismo significado político que la que les da Cáritas!

 

Y a todo esto, ¿qué pensarán los pobres propiamente dichos? ¿Considerarán que el decreto de la Junta es solidaridad o es caridad? El debate ya debe estar en todas las chabolas de Andalucía. Desde que se conoció la noticia las discusiones en las familias, al igual que entre los políticos, deben ser de lo más encendidas. Aunque con una diferencia importante: entre los políticos esos debates son una forma de matar el tiempo mientras llegan las elecciones y entre los pobres son una forma de matar el tiempo mientras llega la comida.

 

Antonio Avendaño

 

 

Fuente: publico.es

 

 

Escrito por Tamar Melian

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