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No sean caraduras: lo que nos piden no es paciencia, es resignación cristiana

Patricia Hernández es diputada socialista en el Congreso

“El paro es la principal razón para el cambio político”. “Cuando yo gobierne, bajará el paro”. Con estas solemnes afirmaciones, en la cola del INEM, se presentaba Mariano Rajoy a las elecciones.

Es cierto que no sólo mintió en esto, es cierto que debemos esforzarnos para encontrar una promesa cumplida de las que hicieron en campaña electoral. Pero ésta, esta promesa, y la creencia de que lo llevarían a cabo, fue probablemente la razón por la que los españoles y españolas otorgaron al PP y a Rajoy su mayoría absoluta. Que cuando ellos llegaran, la economía crecería y se crearían puestos de trabajo, fue el argumento principal de su oposición y de su campaña.

 

Rajoy ganó las elecciones porque le creyeron, creyeron sus mentiras y confiaron en sus promesas, promesas que terminaron justo el mismo día en que Rajoy puso un pie en La Moncloa.

 

Seis millones doscientos mil parados, más de un millón de empleos destruidos desde que gobiernan y el anuncio de que terminarán la legislatura con más parados que cuando comenzó ésta, certifican el fracaso de un Gobierno indolente con el sufrimiento de la gente.

 

Llegados a este punto lo único que se le ocurre a Rajoy es pedir paciencia… ¿Paciencia?

¿Pero qué tomadura de pelo es esa de pedir paciencia, cuando con las propias previsiones del Gobierno nos dicen que destruirán en esta legislatura un millón trescientos mil empleos?

 

¿Cómo van a tener paciencia los parados a los que este Gobierno ha recortado la prestación por desempleo? ¿Qué paciencia quieren que tengan los más de un millón novecientos mil hogares con todos sus miembros en el paro? Qué caradura es esa de pedir paciencia mientras precisamente recortan las políticas activas de empleo Qué paciencia y para qué, cuando no toman ni una medida de estímulo al crecimiento de la economía, cuando sabemos que todo va ir a peor con sus propios datos en la mano

 

Es increíble como en lugar de aportar soluciones sólo se les ocurre pedir paciencia a aquellos padres y madres que ven, llorando, como sus hijos hacen la maleta para irse lejos porque en España no pueden construir su futuro.

 

Estaría bien que esa paciencia se la pidieran mirando a los ojos a aquellos que abandonan su hogar y su familia, y se van a un país que no conocen, buscando una oportunidad que ellos les niegan. Estaría bien que se quedaran para escuchar su respuesta… La de nuestros jóvenes, pero también las de esas miles de familias que tienen a todos sus miembros en paro, o la respuesta que les darían aquellos que ya agotaron su prestación por desempleo. Pero sobre todo, ¿saben lo que estaría bien? Que rectificaran.

 

La paciencia no paga la hipoteca ni el alquiler señor Rajoy. La paciencia no compra comida en el supermercado para llevar a casa, ni paga la luz ni el agua. La paciencia, señor Rajoy, no es respuesta para las urgencias de las familias, no da solución al drama de tantos y tantas que no saben cómo harán mañana para que coman sus hijos.

 

Como usted comprenderá, señor Rajoy, no es paciencia sino urgencia de lo que estamos hablando. Urgencia para abordar, de una vez, políticas para que la economía crezca y abandone el austericidio que aplica a los que menos tienen, mientras otros cobran sobresueldos.

 

Esta situación requiere que abandone este camino de sufrimiento que no lleva a ningún sitio salvo a más sufrimiento y que reflexione sobre cuántos puestos de trabajo no se hubieran destruido si, por ejemplo, usted no hubiera aprobado esta reforma laboral tan dañina.

 

Está situación solo tiene una salida, que rectifiquen, que cambien de rumbo y que hagan de una vez lo que dijeron que iban a hacer… crear empleo

 

No tiene sentido que pidan paciencia cuando ellos mismos dicen que van a fracasar, cuando ellos mismos dicen que van a seguir destruyendo empleo… Y es que, no se equivoquen, en realidad no nos están pidiendo paciencia. Nos están pidiendo que nos conformemos con lo que viene. Que nos rindamos, que bajemos los brazos, que esto es lo que hay, que sólo queda seguir sufriendo. En el fondo, lo que nos están pidiendo, no es paciencia, es resignación cristiana.

 

Patricia Hernández

 

 

Fuente: elplural.com

 

 

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Escrito por Tamar Melian

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