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El mundo no se acaba en el PP

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Ni en Esperanza Aguirre y su show. Ni en que aún no tengan candidato para las europeas ni falta que les hace teniendo a Rajoy, bloqueado en el AVE camino de la intermunicipal valenciana. 

Ni en que a Rubalcaba le hayan hecho la cirugía estética y lo han dejado con la apariencia de Elena Valenciano. Ni en el sutil despiece de la Justicia realizado por el Gobierno, nombrando tres jueces para que no sean estrella, ¡cómo si sobraran jueces!, pero no tres ministros de Justicia. Ni en la añagaza de que la crisis económica ha terminado. Ni en la represión policial. Ni en Floriano. Ni en Cospedal. Ni en que aforen a la Reina y a los Príncipes para que solo los pueda juzgar el Tribunal Supremo – ¡cómo si los fueran a juzgar alguna vez y por algo! – rebajando a los demás jueces. Ni en los funerales católicos de Estado. Ni en el libro de la opusdeística Pilar Urbano.

 

El mundo se acaba en que el PSOE no es capaz de renovarse y adecentarse políticamente. En el esperar a verlas venir de IU y UPyD. El mundo no se acaba ni en las ansias independentistas de Catalunya con sus chonis y Fernández incorporados y soberanistas. El mundo se acaba en la valla de Melilla, en donde está colgada nuestra crueldad. El mundo se acaba en nuestra sanidad demediada.En nuestra resignación. El mundo se acaba en Rouco Varela y quien venga. El mundo se acaba en las puertas giratorias y las canonjías perpetuas de unos y otros. En la hecatombe de los sindicatos, que no levantan ni cabeza ni parece que tengan intención. El mundo se acaba en el Congreso de los Diputados y consecuentemente en el Senado. En el Tribunal Constitucional y su crédito en entredicho. El mundo se acaba en los bancos. En los planes de pensiones de sus directivos y de las Cajas. El mundo se acaba en RTVE y su tendenciosidad impuesta. En los EREs arbitrarios y enriquecedores. En lo horteras que somos políticamente. En nuestros fanatismos e inmovilismos. El mundo se acaba en el euro y en la distribución de la renta. En las conciencias domesticadas. En la mentira en que vivimos. En los sueños imposibles y por tanto estériles y literarios. En los poetas muertos; en las cunetas, en las bases de Rota. El mundo se acaba en más de lo mismo. El mundo se acaba en que todo es PP.

 

Arturo González

 

 

Fuente: publico.es

 

 

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