Para lo bueno y para lo malo, la fotografía se ha democratizado. Lo hizo con los precios de las DSLR tocando fondo, y el smartphone, así como las aplicaciones de edición, se han encargado de masificarla. En algunos casos, los fotógrafos han tenido que ir más allá -bastante más allá- para poder poner en valor su trabajo y evitar los manidos y odiosos "mi sobrino tiene una réflex y también nos hace unas fotos estupendas gratis".

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