Experimento Filadelfia: ¿Un Buque Teletransportado? 2

    Una serie de extrañas cartas recibidas por un hombre de ciencia en 1956 hablaban de unos experimentos secretos que habían vuelto invisible un destructor de la marina de los Estados Unidos y lo habían teletransportado de un lugar a otro.

    El "Experimento Filadelfia" es el nombre que recibió un supuesto experimento ultrasecreto llevado a cabo por la marina de los Estados Unidos en 1943, en el transcurso del cual un

     

    barco se volvió invisible y fue teletransportado de un muelle a otro.

     

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    El destructor Eldridge, que terminó donado a la armada griega

     

    El secreto parece empezar a desvelarse cuando Morris Ketchum Jessup, el controvertido científico, profesor durante los años 20 de astronomía y matemáticas en la Universidad de Drake, en Iowa, y en la Universidad de Michigan. Mientras preparaba su doctorado realizó investigaciones que llevaron al descubrimiento de varias estrellas dobles que, posteriormente, fueron catalogadas por la Royal Astronomical Society.

     

    Jessup pasó mucho tiempo estudiando ruinas mayas e incas y llegó a la conclusión de que los edificios sólo pudieron ser construidos con la ayuda de una tecnología superior extraterrestre. La falta de dinero le obligó a abandonar sus investigaciones y a volver a los Estados Unidos, donde se puso a trabajar en "The case for the UFO" (El alegato de los OVNIS), primero de cuatro libros sobre el tema, en el que mezclaba un poco de objetividad científica con mucha pseudociencia.

     

    "The case for the UFO" fue publicado en Nueva York en 1955. A lo largo del libro, Jessup pedía a sus lectores que presionaran a sus representantes políticos para que exigieran investigaciones acerca de la teoría del campo unificado, problema con el que se había enfrentado Einstein durante los últimos veinte años de vida, y que -creía Jessup- podría aclarar la incógnita de la fuerza propulsora de los OVNIS.

     

    El 13 de enero de 1956 Jessup recibió la primera de dos cartas de un lector que firmaba Carlos Miguel Allende y también Carl M. Allen. En sus incoherentes cartas, llenas de faltas de ortografía y de puntuación, Allende advertía a Jessup que debía olvidar su interés por la teoría del campo unificado. Una versión de esta teoría había sido aplicada por la marina norteamericana en 1943 -decía- en un experimento que había vuelto invisible a un barco, con terribles resultados para su tripulación. Jessup contestó a su corresponsal pidiendo más detalles. Allende no pudo proporcionarle más información.

     

    Mientras tanto, Jessup y su libro habían sido tema de conversación en Washington D. C. En julio o agosto de 1955, un ejemplar de "The case for the UFO" llegó a la Oficina de Investigación Naval (ONR). Se descubrió que contenía comentarios relativos al texto escrito en los márgenes, como si el libro hubiese pasado por las manos de tres personas. Los comentarios implicaban un conocimiento de los OVNIS, de sus sistemas de propulsión y del origen y antecedentes de sus tripulantes.

     

    El libro pasó a manos de dos oficiales de la ONR, el comandante George W. Hoover, Oficial de Proyectos Especiales, y el capitán Sidney Sherby. Éstos invitaron a Jessup a Washington, le enseñaron el libro y le preguntaron si podía hacer algún comentario. Jessup dijo que, por la letra, uno de los autores era Allende, y después entregó las cartas de Allende a Hoover y Sherby.

     

    El interés de la ONR por el libro anotado nunca fue explicado de forma satisfactoria, pero la ONR ha negado siempre que fuera oficial. Hoover y Sherby estaban personalmente interesados en los OVNIS, tema que daba entonces sus primeros balbuceos; su opinión era que "ningún detalle, por desacreditado que esté desde el punto de vista de la ciencia clásica, debe ser pasado por alto" en la búsqueda de claves sobre la naturaleza de la gravedad. Por lo tanto, debemos deducir que el interés de Hoover y Sherby era personal y que cualquier investigación posterior fue emprendida por su cuenta.

     

    No se sabe qué investigaciones pudo emprender Jessup, si es que lo hizo; su relación directa con el asunto terminó la noche del 20 de abril de 1959, cuando lo encontraron muerto en su furgoneta en Dade Country Park (Florida). Dentro del coche cerrado había sido introducida una manguera conectada con el tubo de escape: según todos los indicios, Jessup se había suicidado.

     

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    Morris Ketchum Jessup

     

    ¿Se Había Suicidado?

     

    La muerte de Jessup ha sido tema de muchas especulaciones. Algunos amigos suyos dijeron que Jessup no era el tipo de persona que se suicida. Otros han sugerido que fue asesinado porque se negó a dejar las investigaciones sobre el enigma de los OVNIS. También se dijo que algo tuvieron que ver los "hombres de negro". Sin embargo, otros amigos dijeron que Jessup estaba deprimido a causa de problemas personales, y que había anunciado su suicidio a un intimo amigo suyo.

     

    Del corresponsal de Jessup, Carlos Miguel Allende o Carl M. Allen, se sabe poco. Muchos investigadores trataron de entrevistarlo pero resultó tan escurridizo como Pimpinela Escarlata. Entre los que le conocieron se cuentan Charles Berlitz y William Moore, pero averiguaron poco. Con todo, lograron identificar el barco empleado en el supuesto experimento: era el Eldridge.

     

    Allende afirma que, en 1943, un tal doctor Franklin Reno desarrolló una aplicación de la teoría del campo unificado de Einstein que fue ensayada por la Marina norteamericana en un experimento en el que el Eldridge y toda su tripulación se volvieron invisibles. El experimento se realizó en el mar, en octubre de 1943, y fue observado por Allende, que se hallaba a bordo del buque Andrew Furuseth. Dijo a Berlitz y a Moore que el Eldrige estaba sumergido en un extraño campo de fuerza que se extendía "hasta unos 100 m… de distancia de cada lado del barco. Yo metí la mano, hasta el codo, en este increíble campo."

     

    El experimento fue un éxito, salvo por los extraños y terribles efectos secundarios que sufrió la tripulación; algunos hombres murieron, otros se volvieron locos, y unos pocos siguieron recayendo en la invisibilidad. Una vez, en un bar del puerto de Filadelfia, un grupo de tripulantes causó un escándalo al desaparecer de pronto. Allende dice que el incidente apareció reseñado en un periódico de Filadelfia, en otoño o en invierno, en algún momento entre 1944 y 1946.

     

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    Tripulacion original del USS Eldridge

     

    Allende también dijo que se realizó otro experimento en el que el navío experimental fue teletransportado desde su atracadero en Filadelfia a otro en la zona de Newport News, Virginia. Allende no se hallaba presente, pero dijo a Jessup que había leído un articulo acerca del incidente en un periódico de Filadelfia cuya fecha no recordaba. "Puede haber sido en 1956 -dijo a Jessup en una carta-, después de que se suspendieran los experimentos."

     

    Los Misterios del Project Rainbow

     

    El nombre oficial del experimento Filadelfia que la marina norteamericana no pudo ocultar es "Project Rainbow". En las investigaciones no se pudieron encontrar. El "Project Rainbow" era parte de un código secreto del gobierno de EE.UU. que se llamaba Arco Iris. En este código estaban los planes para derrotar al Eje compuesto por Italia, Alemania y Japón en la Segunda Guerra Mundial y específicamente para luchar contra Japón en el Océano Pacifico

     

    El Barco Fantasma

     

    Realmente el que toma con seriedad este tema se dará cuenta de que "El Experimento Filadelfia" se quiere ocultar de todas manera posibles: 

     

    1)Las cartas de navegación del barco se perdieron.

     

    2) La bitácora del barco también se perdió.

     

    3) El Instituto Naval norteamericano no tiene casi fotos en los archivos del Eldridge.

     

    4) Los tripulantes del barco se esfumaron, se perdieron, no se sabe nada de ellos.

     

    5) Todo lo relacionado con el código ARCO IRIS y el experimento Filadelfia también desaparece.

     

    6) El principal personaje Morris Jessup se suicida de una forma extraña y poco clara.

     

    7) De Carlos Allende se comienza a decir que estaba esquizofrénico y no era apto para declarar nada.

     

    8) 300 toneladas de instrumentos que llevaba a bordo el Eldridge, también desaparecen y el barco es vendido a Grecia casi desmantelado. 

     

    9) Las fichas de los marineros también desaparecen. O sea el barco no existió. Y la marina norteamericana habla del hecho como algo absolutamente sin importancia.

     

    ¿Que Sucedio en el Experimento Filadelfia?

     

    El viernes 13 de agosto de 1943, el crucero Eldrídge, de la marina de los Estados Unidos, zarpó del puerto de Filadelfia para participar en un experimento secreto. A su bordo llevaba varias toneladas de aparatos eléctricos, con cientos de lámparas y bobinas. El barco había sido botado el 25 de julio de 1943 y medía 92 metros de eslora, con un desplazamiento de 1.240 toneladas y 1.520 a plena carga.

     

    Todavía no había entrado en servicio activo cuando poco después, el 13 de agosto de 1943, levó anclas de su amarradero, acompañado por el carguero Furuseth, un veterano de los convoyes al África. A bordo de esta última nave iba un grupo de científicos y una tripulación reducida de hombres escogidos, entre los cuales se encontraba el marinero de primera Carlos M. Allende.

     

    Este contó de la siguiente manera lo que presenció aquel viernes fatídico desde su puesto de trabajo, situado al lado del puente de mando. "A unas pocas millas del muelle, uno de los hombres de civil que estaba en la timonera ordenó por la radio al comandante del crucero que encendiera los generadores. Entonces, alrededor del crucero comenzó a fluir con gran fuerza un singular campo de energía, perfectamente visible, que giraba en torno de la nave en sentido contrario a las agujas del reloj. 

     

    Vi que el aire que rodeaba al barco se volvía un poco más oscuro que el resto de la atmósfera. A los pocos minutos vi levantarse del agua una bruma verdosa, similar a una nube muy tenue. De pronto, el barco desapareció completamente y nosotros experimentamos una gran sacudida. Varios de nuestros hombres se desmayaron y a muchos comenzó a salirles sangre de la nariz. En pocos segundos el flamante barco de guerra ya no estaba en su sitio, pero en la superficie del mar podía verse claramente la marca de su peso al desplazar el agua. Sencillamente se había hecho invisible y no quedaban rastros ni de él ni de los hombres que iban a bordo.

     

    Antes de que se esfumara del todo vi que uno o dos marineros que estaban en estribor se desintegraban por completo. Todo comenzó con un desagradable zumbido, que fue aumentando de volumen hasta convertirse en un silbido inaguantable, que culminó en una violenta explosión. En el puente en donde yo estaba reinaba una confusión absoluta y las órdenes se sucedían unas tras otras. Uno de los civiles, el que parecía estar al mando de todo, gritó por la radio que apagaran los generadores. 

     

    Cuando miré hacia tierra, vi que dos hombres desaparecían mientras corrían aterrados. Yo no sabía qué hacer, pues en ese momento no comprendía lo que estaba pasando. Habían transcurrido unos pocos minutos cuando aquella bruma verdusca comenzó a dispersarse y sin zumbidos ni manifestación alguna que lo anunciase, el crucero comenzó a materializarse de nuevo, desde la popa a la proa, como había ocurrido en el instante en que se hizo invisible.

     

    Pude observar que los hombres que estaban en cubierta sufrían fuertes convulsiones; más tarde supe que varios habían desaparecido y que nunca más se volvió a saber de ellos. Ese instante repercutió negativamente en la mayoría de quienes estuvieron involucrados en ese experimento y muchos perdieron la razón, padecieron alucinaciones o sufrieron horribles dolores y enfermedades.

     

    A mí también me afecto Ese campo eléctrico que se formó en torno de la nave cayó también sobre una parte de nuestro barco. Era como una lámina de electricidad pura. La corriente tenía tanta potencia que casi me hizo perder el equilibrio. Por suerte no quedó con todo el cuerpo dentro de esa corriente, pues de haberlo hecho me hubiese tirado sobre la cubierta. Sólo alcanzó a tocarme el brazo derecho, y era tan denso ese campo que me dió un gran golpe y todo el costado me quedó dolorido. Aún me pregunto por qué no fui electrocutado por esa lámina de electricidad. Supongo que fue porque yo tenía las botas de goma puestas, como el resto de la tripulación, por orden de los ofíciales superiores.

     

    Fue un momento horrible, y sólo mucho más tarde me di cuenta de que aquel día la ciencia había dado un gran paso, y que la Marina, temerosa de las consecuencias de un experimento que había salido de control y matado a varias personas, trató de ocultar por todos los medios.'

     

    Las Cartas que Envió Allende

     

    La historia del Experimento Filadelfia se basa, sobre todo, en la información contenida en dos cartas enviadas en 1956 por Carlos Allende (Carl Allen) a Morris Jessup. Decía, en síntesis, que en 1943 la marina de los Estados Unidos había estado experimentando con una serie de aparatos derivados de las teorías de Albert Einstein sobre el Campo Unificado para hacer que sus barcos -por medio de una gran fuerza magnética- resultaran invisibles a los radares enemigos, al mismo tiempo que se volvieran inmunes a la acción de las minas magnéticas de los alemanes y de los torpedos de los submarinos enemigos.

     

    Estimado doctor Jessup:

    Su invocación al público para que se mueva en masa sobre sus representantes y haya así suficiente presión colocada en un correcto y suficiente número de lugares donde pueda ser aprobada una ley para que la Teoría del Campo Unificado del doctor Albert Einstein (1925-27) sea puesta en práctica no es nada necesaria.

     

    Se usaron los "resultados" de mi amigo Dr. Franklin Reno… Los resultados fueron y son hoy prueba de que la Teoría del Campo Unificado hasta cierto punto es correcta… El "resultado" fue la completa invisibilidad de un barco, tipo destructor, y toda su tripulación. Estaba navegando. (Oct. 1943). El Campo fue efectivo en una forma esferoidal oblata que se extendía cien yardas (más o menos, debido a la posición lunar y latitud) fuera de cada lado del barco. Cualquier persona dentro de esa esfera se volvía de forma vaga pero él también observó a esas personas a bordo de ese barco como si ellas también estuvieran en el mismo estado y sin embargo estuvieran andando sobre nada. Cualquier persona fuera de esa esfera no podía ver nada, salvo la forma claramente definida del casco del barco en el agua…

     

    Quedan muy pocos de la tripulación experimental original ahora, Señor. La mayoría enloqueció, uno salió a través de la pared de su alojamiento a la vista de su mujer e hijo y otros 2 miembros de la tripulación (No volvió a ser visto), dos "se fueron al Fuego" o sea se inmovilizaron y se incendiaron mientras llevaban unas brújulas comunes… (ardieron 18 días)… El experimento fue un éxito completo. Los hombres fueron fracasos completos.

     

    Revise periódicos de Filadelfia buscando un parrafito (parte superior de la hoja, interior del periódico cerca del tercio final del periódico, 1944-46 en primavera u otoño o invierno, no en verano) de una noticia describiendo las acciones de los marineros después de su viaje inicial. Asaltaron un local en el astillero de la Marina "Gin Mill" o "Beer Joint" y causaron tanta conmoción y parálisis de las camareras que poco de comprensible se les pudo sacar, que el párrafo y el que lo escribió No Lo cree, y dice "Sólo escribí lo que oí y esas mujeres están locas…"

     

    Le pido que haga este poco de investigación sólo para que se trague la lengua cuando recuerde lo que "pidió que se haga ley".

     

    Muy irrespetuosamente suyo, Carl M. Allen

    P.S. Ayudaré más si usted ve que puedo. (Z416175)

     

    Días después:

    Notas en adición y pertenecientes a la misiva…

    Quiero mencionar que de algún modo también el Barco Experimental desapareció del muelle de Filadelfia y muy pocos minutos después apareció en otro muelle en Norfolk, Newport News, en la zona de Portsmouth. Éste fue señalado y claramente identificado como el lugar pero entonces el barco, de nuevo desapareció y volvió a su muelle de Filadelfia en sólo unos pocos minutos o menos. Esto también fue notado en los periódicos. Pero he olvidado en qué periódico lo leí o cuándo pasó. Probablemente al final de los experimentos. Podría haber sido en 1956, después de que terminaran los experimentos, no lo puedo decir con seguridad.

    Muy sinceramente,

    Carl M. Allen

     

    Estimado señor Jessup:

    Me pide lo que es equivalente a pruebas positivas de algo que sólo la duplicación de los dispositivos que produjeron "este fenómeno" podrían darle… Nunca podré satisfacer esa actitud… Puedo ser de alguna ayuda positiva para usted en mi mismo pero para hacerlo requeriría un Hipnotizador, Pentotal Sódico, un grabador y una excelente dactilógrafa para producir material de valor para usted…

     

    Soy un contemplador de las estrellas Sr. Jessup. No lo disimulo y el hecho de que… estoy seguro de que el hombre irá adonde ahora sueña con estar… hacia las estrellas vía la forma de transporte con que tropezó accidentalmente la Marina (para consternación suya) cuando su barco exp. despegó y apareció un minuto después más o menos a varios cientos de millas marinas de distancias… Quizás la Marina ya haya usado este accidente de transporte para construir sus OVNIS. Eso es un avance desde todos los puntos de vista. ¿A usted qué le parece?????

     

    Muy respetuosamente, Carl Allen.

     

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    Fuentes mundoparanormal.iespana.es

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    ¿Qué dice oficialmente la Marina de los Estados Unidos?

    La Marina de los Estados Unidos ha negado sistemáticamente, desde que la historia empezó a circular, que el llamado «Experimento Filadelfia» tuviera lugar. La Oficina de Investigación Naval (ONR) publica desde hace décadas una respuesta oficial estandarizada ante las numerosas consultas que recibe sobre el tema, en la que explica que no existe ningún registro de un experimento de invisibilidad o teletransportación realizado en 1943, y que la leyenda parece combinar de forma confusa varios episodios reales pero completamente distintos de la investigación naval de la época.

    Según la propia ONR, el origen más probable de la confusión está en un programa real y documentado: la desmagnetización de cascos (degaussing), una técnica que efectivamente se aplicaba a los buques de guerra durante la Segunda Guerra Mundial para reducir su firma magnética y hacerlos menos vulnerables a las minas magnéticas alemanas, que detectaban los barcos precisamente por su campo magnético natural. Este proceso, real y ampliamente documentado en archivos navales, no volvía invisible al barco en ningún sentido físico ni óptico, pero sí alteraba su «firma» magnética de forma que resultaba menos detectable para ciertos instrumentos, un matiz técnico que con el tiempo pudo distorsionarse hasta convertirse, en el imaginario popular, en una auténtica invisibilidad óptica.

    La verdadera historia (documentada) del USS Eldridge

    Uno de los datos que más debilita la credibilidad de la leyenda es el propio historial de servicio del USS Eldridge, que está documentado con gran detalle en los archivos navales estadounidenses y que contradice directamente la cronología que narra Carlos Allende. Según los registros oficiales, el Eldridge completó su periodo de pruebas en las Bahamas durante buena parte de 1943, y en la fecha exacta en la que Allende asegura haber presenciado el experimento en Filadelfia (agosto de 1943), la documentación sitúa al barco en el Caribe, no en Pensilvania.

    Además, el registro de tripulación del USS Andrew Furuseth, el mercante en el que Allende aseguraba haber presenciado la escena desde la distancia, tampoco incluye su nombre entre la tripulación en las fechas señaladas, según la investigación documental realizada años después por escépticos e historiadores navales que tuvieron acceso a los archivos originales. El Eldridge fue finalmente transferido a la marina griega en 1951, rebautizado como Leon, y permaneció en servicio activo hasta los años 90, sin que ningún miembro de su tripulación, estadounidense o griega, corroborara jamás ningún incidente relacionado con invisibilidad o teletransportación.

    ¿Quién era realmente Carlos Allende?

    Carl Meredith Allen, verdadero nombre del hombre que firmaba como Carlos Miguel Allende, fue identificado y localizado por investigadores años después de enviar sus famosas cartas a Jessup. Cuando finalmente pudo ser entrevistado, Allen llegó a admitir en algunas ocasiones que buena parte de su relato había sido inventado o, como mínimo, notablemente exagerado, aunque en otras entrevistas posteriores volvió a sostener partes de la historia, generando aún más confusión sobre su verdadera credibilidad. Personas que lo conocieron lo describieron como una persona inteligente pero con una salud mental inestable, y varios investigadores del fenómeno OVNI que llegaron a tratar con él coincidieron en que mostraba signos compatibles con una fuerte tendencia a la fabulación.

    Este dato resulta especialmente relevante porque toda la leyenda del Experimento Filadelfia se sostiene, en última instancia, sobre el testimonio de una sola persona cuya fiabilidad quedó seriamente cuestionada por los propios investigadores que más tiempo dedicaron a intentar verificar su historia, incluyendo los escritores Charles Berlitz y William Moore, que popularizaron el mito en su libro de 1979 pese a no haber podido corroborar ninguno de los elementos centrales del relato con fuentes independientes.

    Cómo nació el mito: ciencia ficción, guerra fría y el auge del fenómeno OVNI

    Para entender por qué esta historia caló tan hondo en la cultura popular conviene situarla en su contexto: mediados de los años 50 fueron el momento de mayor efervescencia del fenómeno OVNI en Estados Unidos, con cientos de avistamientos reportados cada año y un público extremadamente receptivo a cualquier historia sobre tecnología secreta militar. Morris Jessup, autor de «The Case for the UFO», ya era una figura conocida dentro de ese circuito, lo que convertía cualquier carta que recibiera en un potencial disparador de nuevas teorías, especialmente si mencionaba experimentos militares secretos.

    El propio contexto de la Guerra Fría, con un secretismo militar real y verificable en torno a numerosos programas de la época, hizo que este tipo de teorías resultaran especialmente creíbles para una parte del público: si el gobierno ocultaba de verdad programas nucleares y de espionaje, ¿por qué no iba a ocultar también experimentos con teletransportación? Esta lógica, aunque comprensible desde un punto de vista psicológico, no se sostiene bajo ningún tipo de evidencia física o documental cuando se examina con rigor.

    La leyenda recibió un impulso decisivo en 1979 con la publicación de «The Philadelphia Experiment: Project Invisibility», de Charles Berlitz y William Moore, un libro que popularizó masivamente la historia sin aportar pruebas nuevas verificables, y posteriormente con la película «El Experimento Filadelfia» (1984), una adaptación de ciencia ficción que, pese a ser explícitamente una obra de ficción, contribuyó a que muchos espectadores asumieran que la premisa de partida tenía una base real, un efecto habitual en historias que combinan hechos verificables (la existencia real del USS Eldridge, la desmagnetización naval) con elementos completamente inventados.

    La muerte de Morris Jessup: lo que dicen los informes oficiales

    La muerte de Jessup en 1959 se ha usado a menudo como «prueba» de que alguien quería silenciarlo, pero el informe forense oficial de la época concluyó que se trató de un suicidio, una conclusión respaldada por el contexto personal del científico: había atravesado un divorcio reciente, sufría problemas económicos graves tras el fracaso comercial de sus libros y había manifestado episodios de depresión a personas cercanas en los meses previos a su muerte, según los testimonios recogidos en su momento. Aunque es comprensible que una muerte repentina alimente teorías alternativas, especialmente en una persona vinculada a temas tan sensibles como el suyo, no existe ninguna evidencia documental que sustente la hipótesis de un asesinato o un encubrimiento por parte de ninguna agencia gubernamental.

    El «Manuscrito Anotado»: ¿qué fue realmente?

    El ejemplar anotado de «The Case for the UFO» que llegó a la Oficina de Investigación Naval sí existió realmente, y hoy se conserva y puede consultarse en varios archivos especializados en el fenómeno OVNI. Sin embargo, investigaciones posteriores sobre la caligrafía de las anotaciones concluyeron que, muy probablemente, las tres letras distintas que aparentemente comentaban el libro fueron en realidad escritas por una sola persona, el propio Carl Allen, que habría fabricado la apariencia de múltiples autores para dar mayor credibilidad a sus afirmaciones. El interés que mostraron los oficiales Hoover y Sherby por el documento, real y documentado, respondía a su curiosidad personal por el fenómeno OVNI, no a ninguna investigación oficial de la Marina sobre el supuesto experimento, un matiz que Allende y los divulgadores posteriores de la leyenda tendieron a omitir o distorsionar.

    El Experimento Filadelfia en el cine y la cultura popular

    Más allá de la película de 1984, que tuvo una secuela en 1993, la leyenda ha inspirado directa o indirectamente numerosas producciones de ciencia ficción a lo largo de las décadas. Series como «Star Trek» han hecho referencias veladas al mito, y el concepto de un experimento militar de teletransportación con resultados catastróficos para la tripulación se ha convertido en un arquetipo recurrente dentro del género, presente en videojuegos, cómics y novelas que utilizan la premisa como punto de partida narrativo sin pretender ya, a estas alturas, presentarla como un hecho histórico real.

    Esta persistencia cultural es, en sí misma, un fenómeno interesante de estudiar: el Experimento Filadelfia se ha convertido en una especie de mito fundacional dentro de la cultura conspirativa estadounidense, comparable en su función narrativa a otras leyendas urbanas militares como el Área 51 o el incidente de Roswell, sirviendo como plantilla reutilizable para nuevas historias sobre tecnología militar oculta, independientemente de que el relato original careciera de fundamento.

    ¿Existe alguna tecnología real de «invisibilidad» militar?

    Aunque la teletransportación y la invisibilidad óptica siguen perteneciendo al terreno de la ciencia ficción, sí existen tecnologías militares reales orientadas a reducir la detectabilidad de buques y aeronaves, generalmente agrupadas bajo el concepto de «tecnología furtiva» o stealth. Estas tecnologías, ampliamente documentadas y en uso activo desde los años 80, se basan en formas geométricas que dispersan las ondas de radar y en materiales especiales que absorben determinadas frecuencias electromagnéticas, un principio de funcionamiento completamente distinto, y mucho menos espectacular, que la invisibilidad óptica total que describe la leyenda del Eldridge.

    Esta distancia entre la tecnología militar real y la que describe el mito es, precisamente, uno de los argumentos que los escépticos suelen usar para desmontar la credibilidad de la historia: si la marina estadounidense hubiera dominado en 1943 una tecnología de invisibilidad óptica y teletransportación física, resultaría muy difícil de explicar por qué ochenta años después la tecnología militar de sigilo más avanzada sigue basándose en principios completamente distintos y mucho más limitados.

    Preguntas frecuentes

    ¿Existe alguna prueba física o documental real del Experimento Filadelfia?

    No. Ningún historiador naval, investigador independiente ni la propia Marina de los Estados Unidos ha podido presentar jamás un documento, fotografía o testimonio corroborado de forma independiente que demuestre que el experimento tuvo lugar. Toda la historia se sostiene sobre el testimonio de una sola persona, Carl Allen, cuya fiabilidad ha sido cuestionada repetidamente por los propios investigadores que trataron de verificar su relato.

    ¿Por qué el USS Eldridge sigue siendo el barco asociado a esta leyenda si nunca estuvo en Filadelfia esa fecha?

    Porque fue el barco que Carlos Allende identificó en su relato original a Berlitz y Moore, y una vez que un nombre concreto queda asociado a una leyenda de este tipo, resulta extremadamente difícil de desligar en el imaginario popular, incluso cuando la documentación histórica oficial contradice directamente la cronología del relato.

    ¿Qué es exactamente la desmagnetización naval (degaussing)?

    Es una técnica real, desarrollada y aplicada extensamente durante la Segunda Guerra Mundial, que consiste en instalar bobinas eléctricas alrededor del casco de un buque para neutralizar o reducir su campo magnético natural, haciéndolo menos detectable para las minas magnéticas submarinas. No produce ningún efecto de invisibilidad visual ni tiene relación alguna con la teletransportación, pero se considera el origen técnico más probable de la confusión que dio lugar a la leyenda.

    ¿Qué opinan los historiadores navales profesionales sobre esta leyenda?

    De forma prácticamente unánime, la consideran un mito sin base histórica real, sostenido por documentación deficiente, testimonios no corroborados y una cronología que contradice los registros oficiales de servicio del USS Eldridge, que sitúan al barco en un lugar distinto al que describe la leyenda en la fecha exacta del supuesto experimento.

    ¿Por qué este tipo de leyendas siguen siendo populares pese a estar desmentidas?

    Porque combinan varios elementos muy atractivos narrativamente: secretismo militar real (la Segunda Guerra Mundial sí implicó programas genuinamente secretos), un componente de ciencia ficción accesible, y la sensación de estar accediendo a «información oculta» que el público general desconoce. Esta combinación resulta mucho más atractiva emocionalmente que la explicación real, más prosaica: una confusión entre un programa técnico real (la desmagnetización) y el relato fabulado de una sola persona con problemas de credibilidad documentados.

    Conocer la historia real detrás del mito no le resta interés, sino que añade una capa adicional de curiosidad: entender cómo un episodio técnico real de la Segunda Guerra Mundial, combinado con la imaginación de una sola persona, pudo convertirse en una de las leyendas de conspiración militar más duraderas y reconocibles de la cultura popular estadounidense es, en sí mismo, un caso de estudio fascinante sobre cómo se construyen y perpetúan los mitos modernos.

    Otras leyendas militares que siguen el mismo patrón

    El Experimento Filadelfia no es un caso aislado dentro de la cultura conspirativa relacionada con el ejército estadounidense; comparte estructura narrativa con otras leyendas igualmente célebres. El incidente de Roswell de 1947, que originalmente fue explicado por la propia Fuerza Aérea como los restos de un globo meteorológico del Proyecto Mogul (un programa real y secreto de vigilancia de pruebas nucleares soviéticas), se transformó con el paso de las décadas en la leyenda del platillo volante estrellado, alimentada de forma muy similar por testimonios tardíos, libros sensacionalistas y una desconfianza generalizada hacia las explicaciones oficiales del gobierno.

    El Área 51, por su parte, sí es una base real y durante décadas efectivamente secreta, utilizada para probar aeronaves experimentales como el U-2 y el SR-71 Blackbird, programas que el gobierno estadounidense mantuvo clasificados durante años por motivos de seguridad nacional perfectamente racionales. La combinación de secretismo real con la imaginación popular convirtió una base de pruebas aeronáuticas convencional en el epicentro de todo tipo de teorías sobre tecnología extraterrestre, siguiendo exactamente el mismo patrón que el Experimento Filadelfia: un núcleo de secretismo militar genuino, envuelto en capas sucesivas de especulación no verificada.

    Analizar estos paralelismos ayuda a entender un patrón más amplio: cuanto más secretismo legítimo rodea a una institución, mayor es el terreno fértil para que germinen teorías alternativas, precisamente porque la ausencia de información oficial detallada deja un vacío que la imaginación popular tiende a llenar con las explicaciones más narrativamente satisfactorias, no necesariamente con las más probables desde un punto de vista histórico o científico.

    La teoría del campo unificado de Einstein: lo que Allende malinterpretó

    Uno de los elementos que dota a la leyenda de una falsa apariencia de rigor científico es la mención constante a la Teoría del Campo Unificado de Einstein, un proyecto real en el que el físico trabajó efectivamente durante las últimas décadas de su vida, intentando combinar la gravedad y el electromagnetismo en un único marco teórico. Einstein nunca logró completar esta teoría de forma satisfactoria, y la física moderna sigue sin contar con una teoría del campo unificado plenamente verificada, aunque existen aproximaciones parciales como la teoría de cuerdas.

    El problema fundamental es que, incluso si la Teoría del Campo Unificado hubiera estado completa en 1943 (que no lo estaba, ni lo está hoy en día), no existe ningún mecanismo teórico conocido por el cual combinar gravedad y electromagnetismo pudiera producir invisibilidad óptica o teletransportación física de un objeto macroscópico como un buque de guerra. Allende y los divulgadores posteriores de la leyenda utilizaron terminología científica real y reconocible para dar credibilidad a afirmaciones que no se sostienen bajo ningún marco de la física conocida, una técnica retórica muy habitual en las teorías pseudocientíficas: tomar conceptos legítimos y complejos, y extrapolarlos hacia conclusiones que ningún físico especializado respaldaría.

    ¿Por qué la Marina no ha desmentido la historia con más contundencia?

    Este es uno de los argumentos que más citan quienes todavía defienden la veracidad del experimento: si la historia es falsa, ¿por qué la Marina se ha limitado a una respuesta estandarizada en lugar de desmentirla de forma más agresiva? La explicación más razonable, según analistas del fenómeno, es puramente práctica: las agencias gubernamentales reciben constantemente consultas sobre decenas de teorías conspirativas distintas, y dedicar recursos institucionales significativos a desmentir de forma exhaustiva cada una de ellas resultaría contraproducente, ya que suele generar el efecto contrario al deseado, alimentando la narrativa de que «algo esconden» precisamente por la intensidad de la respuesta.

    La estrategia habitual de instituciones como la Marina ante este tipo de leyendas es mantener una respuesta breve, factual y consistente en el tiempo, remitiendo a la documentación pública disponible, sin entrar en debates prolongados que, paradójicamente, suelen dar más visibilidad y credibilidad a la teoría original que el propio silencio institucional.

    Cronología completa del mito: de 1943 a nuestros días

    Repasar la cronología completa de cómo se construyó esta leyenda ayuda a entender mejor su evolución. En 1943, según los registros oficiales, el USS Eldridge completaba sus pruebas de mar en el Caribe, sin ningún incidente reseñable más allá de las operaciones rutinarias de un destructor recién botado. En 1955, Morris Jessup publicaba «The Case for the UFO», un libro sobre ovnis que, sin saberlo, se convertiría en el catalizador de toda la historia posterior.

    En enero de 1956, Jessup recibía la primera carta de Carlos Allende, marcando el verdadero nacimiento de la leyenda tal y como la conocemos hoy. Ese mismo año, el ejemplar anotado del libro llegaba a la Oficina de Investigación Naval, generando un interés que, aunque personal y no institucional, alimentaría décadas después la idea de una implicación oficial de la Marina. En 1959, la muerte de Jessup añadía un capítulo trágico y ambiguo a la historia, que muchos interpretarían erróneamente como una confirmación de que «sabía demasiado».

    La leyenda permaneció relativamente marginal durante dos décadas, circulando principalmente entre comunidades interesadas en el fenómeno OVNI, hasta que en 1979 el libro de Berlitz y Moore la catapultó al conocimiento del gran público. Cinco años después, en 1984, el estreno de la película homónima terminó de consolidar el Experimento Filadelfia como parte del imaginario popular estadounidense, un estatus que ha mantenido prácticamente intacto hasta la actualidad, reforzado periódicamente por documentales de televisión, pódcast especializados en misterios y, más recientemente, por su viralización constante en redes sociales y plataformas de vídeo.

    ¿Por qué algunas personas siguen creyendo en la historia pese a la falta de pruebas?

    Psicólogos especializados en el estudio de creencias conspirativas señalan varios factores que explican por qué este tipo de historias se sostienen en el tiempo pese a la ausencia de evidencia sólida. El primero es el llamado sesgo de confirmación: una vez que una persona acepta la premisa inicial de que existe un encubrimiento gubernamental, tiende a interpretar cualquier ambigüedad o falta de información oficial como una confirmación adicional de esa creencia, en lugar de como lo que suele ser en realidad, simple falta de documentación disponible sobre un episodio menor de hace ochenta años.

    El segundo factor es puramente narrativo: la historia del Experimento Filadelfia tiene todos los ingredientes de un buen relato (secretismo, tragedia personal, tecnología asombrosa, una muerte ambigua) y ese atractivo narrativo compite en desventaja con la explicación real, mucho más aburrida desde el punto de vista dramático: una técnica militar convencional mal entendida, combinada con el testimonio poco fiable de una sola persona con problemas documentados de salud mental. Frente a esa disyuntiva, una parte del público tiende a preferir, consciente o inconscientemente, la versión más interesante de contar, incluso sabiendo que la evidencia no la respalda firmemente.

    Lecciones de esta leyenda para evaluar teorías conspirativas actuales

    El caso del Experimento Filadelfia ofrece un ejemplo especialmente instructivo de cómo evaluar de forma crítica cualquier teoría conspirativa contemporánea, precisamente porque han pasado suficientes décadas como para que la mayor parte de la información relevante haya podido ser contrastada con calma por historiadores independientes. Algunas preguntas útiles que se pueden extraer de este caso incluyen: ¿cuántos testigos independientes corroboran la historia, más allá de la fuente original?, ¿existe documentación oficial contemporánea a los hechos, o toda la evidencia es testimonial y posterior?, y ¿la persona que originó la historia tiene un historial de credibilidad contrastado?

    Aplicar este tipo de escrutinio no significa descartar automáticamente cualquier historia sobre secretismo gubernamental, algunas de las cuales han resultado ser completamente ciertas con el tiempo, como demuestran programas reales que en su día fueron negados oficialmente y que décadas después se confirmaron mediante la desclasificación de documentos. La diferencia fundamental está en la calidad de la evidencia disponible: mientras que casos de ocultación gubernamental real suelen terminar respaldados por documentos, fotografías o testimonios múltiples e independientes tras su desclasificación, el Experimento Filadelfia sigue sosteniéndose, ochenta años después, exclusivamente sobre el relato de una sola persona.

    ¿Qué fue realmente el «Proyecto Rainbow» que menciona la leyenda?

    A diferencia de lo que sugiere el relato original, no existe ningún documento desclasificado que confirme la existencia de un «Proyecto Rainbow» dedicado a la invisibilidad naval durante la Segunda Guerra Mundial. El nombre en clave «Rainbow» sí existió realmente dentro de la planificación militar estadounidense, pero hacía referencia a una serie de planes de guerra multinacionales elaborados entre 1938 y 1942 para hacer frente a distintos escenarios de conflicto con las potencias del Eje, sin ninguna relación con experimentos de invisibilidad, campos electromagnéticos o teletransportación. Esta coincidencia de nombres, real por un lado y completamente distinta en su propósito por otro, es otro ejemplo de cómo la leyenda mezcla elementos históricos verificables con afirmaciones sin fundamento, dificultando que un lector no especializado distinga con facilidad qué parte del relato es real y cuál es invención.

    El papel de internet en la longevidad del mito

    Si en los años 80 y 90 la leyenda se propagaba principalmente a través de libros, documentales de televisión de madrugada y revistas especializadas en fenómenos paranormales, la llegada de internet le dio una segunda vida completamente distinta. Foros especializados, canales de vídeo dedicados a misterios y conspiraciones, y más recientemente plataformas de contenido corto en redes sociales, han seguido redistribuyendo la historia a nuevas generaciones que, en muchos casos, la descubren sin ningún contexto sobre su origen dudoso ni sobre las numerosas investigaciones que la han desmentido a lo largo de las décadas.

    Este fenómeno no es exclusivo del Experimento Filadelfia: la facilidad con la que el contenido se comparte en redes sociales, unida a la tendencia de los algoritmos a priorizar contenido llamativo sobre contenido riguroso, ha convertido a internet en un medio especialmente favorable para la supervivencia de leyendas urbanas de todo tipo, independientemente de que existan desmentidos exhaustivos y accesibles con una simple búsqueda. Paradójicamente, la misma tecnología que permite verificar fácilmente la información también facilita su distorsión y viralización sin ningún tipo de control de calidad editorial.

    ¿Se ha desclasificado algún documento sobre el Experimento Filadelfia en las últimas décadas?

    No se ha desclasificado ningún documento que confirme el experimento, a pesar de que las leyes de desclasificación estadounidenses han liberado con el paso de los años miles de documentos militares de la época de la Segunda Guerra Mundial, incluyendo programas mucho más sensibles como el Proyecto Manhattan. La ausencia total de documentación, incluso décadas después y con marcos legales que favorecen la desclasificación de material antiguo, se considera un argumento adicional en contra de la veracidad del experimento.

    ¿Qué relación tiene esta leyenda con el fenómeno del «Hombre de Negro»?

    Algunas versiones posteriores del mito incorporaron la figura de los «Hombres de Negro», supuestos agentes gubernamentales encargados de silenciar a testigos de fenómenos ovni o experimentos secretos, un elemento folclórico popularizado en la cultura ovni de los años 50 y 60 que terminó asociándose también a la muerte de Jessup, pese a no existir ninguna evidencia que vincule su fallecimiento con ningún tipo de intervención externa más allá de las circunstancias personales ya documentadas por los informes forenses de la época.

    ¿Cómo puedo verificar por mi cuenta la fiabilidad de una leyenda como esta?

    Lo más recomendable es buscar fuentes primarias contemporáneas a los hechos (no relatos escritos décadas después), comprobar si existen registros oficiales independientes que corroboren la cronología del relato, y desconfiar especialmente de historias que dependen de un único testigo cuya identidad y credibilidad resulten difíciles de verificar de forma independiente, tal y como ocurre en este caso con Carlos Allende.

    El destructor Eldridge después de la leyenda: su vida real en la marina griega

    Uno de los datos más contundentes contra la leyenda es, precisamente, lo que ocurrió con el barco después de su supuesto experimento. Lejos de ser destruido, ocultado o desmantelado en secreto como sugieren algunas versiones del mito, el USS Eldridge fue transferido oficialmente a la Armada griega en 1951 dentro de un programa convencional de cesión de material naval entre países aliados, un procedimiento perfectamente documentado y nada inusual para la época. Rebautizado como Leon (D-54), el barco permaneció en servicio activo dentro de la flota griega durante más de cuatro décadas, participando en ejercicios navales convencionales de la OTAN sin que ningún marinero griego, en más de cuarenta años de servicio, reportara jamás ningún fenómeno extraño relacionado con el barco.

    El Leon fue finalmente dado de baja en la década de los 90 y desguazado, un final completamente ordinario y documentado para un buque de guerra de mediados del siglo XX, muy alejado del final envuelto en misterio y ocultación que narran las versiones más sensacionalistas de la leyenda. Este dato, accesible en los propios registros de la Armada griega, es citado habitualmente por historiadores navales como una de las pruebas más sencillas y directas de que el barco nunca tuvo nada de especial ni de secreto más allá de su servicio convencional en dos armadas distintas.

    ¿Merece la pena seguir contando esta historia?

    A pesar de estar ampliamente desmentida, la historia del Experimento Filadelfia sigue mereciendo un lugar en cualquier repaso de curiosidades y misterios, no como un hecho histórico real, sino como un fascinante estudio de caso sobre cómo se construyen, se propagan y perduran las leyendas urbanas en la cultura contemporánea. Entender el mecanismo completo detrás de esta historia (un episodio técnico real mal interpretado, un testigo poco fiable, un contexto social propicio y décadas de refuerzo cultural a través del cine y los medios) resulta tan interesante, o incluso más, que la propia leyenda original.

    Además, este tipo de análisis tiene una utilidad práctica que va mucho más allá de la anécdota histórica: las mismas herramientas de pensamiento crítico que permiten desmontar el Experimento Filadelfia (verificar fuentes primarias, comprobar la credibilidad de los testigos, contrastar la cronología con registros oficiales independientes) son exactamente las mismas que resultan útiles hoy en día para evaluar la avalancha de información, verificada y no verificada, que circula diariamente por internet y redes sociales sobre todo tipo de temas.

    ¿Ha reconocido alguna vez el propio Carlos Allende que inventó la historia?

    Sí, en distintas entrevistas realizadas por investigadores a lo largo de los años, Allende llegó a admitir en algunas ocasiones que buena parte de su relato era inventado o exagerado, aunque en otras entrevistas posteriores volvió a sostener partes de la historia original, lo que ha generado un debate permanente entre los propios investigadores del fenómeno sobre qué parte, si es que hay alguna, de su testimonio merece algún grado de credibilidad.

    ¿Qué otros barcos de la Segunda Guerra Mundial han sido asociados erróneamente a experimentos secretos?

    El USS Eldridge es, con diferencia, el caso más célebre, pero a lo largo de los años han circulado leyendas menores similares sobre otros buques de la época, generalmente inspiradas en programas reales pero mucho menos espectaculares, como las pruebas de camuflaje óptico (deslumbramiento o «dazzle camouflage») que sí se aplicaron realmente a numerosos barcos aliados durante ambas guerras mundiales para dificultar el cálculo de su velocidad y trayectoria a los submarinos enemigos, un antecedente real que probablemente también contribuyó a alimentar el imaginario popular sobre «barcos que desaparecen».

    ¿Qué fue el camuflaje «dazzle» que menciona esta sección?

    Fue una técnica real de camuflaje naval, usada extensamente durante ambas guerras mundiales, que consistía en pintar los cascos de los barcos con patrones geométricos de alto contraste, no para ocultar visualmente el buque, sino para dificultar que los submarinos enemigos calcularan correctamente su velocidad, tamaño y dirección exacta a través del periscopio, reduciendo así la precisión de los ataques con torpedos.

    ¿Sigue habiendo documentales o programas de televisión que presentan el experimento como real?

    Sí, algunos programas de televisión centrados en misterios y fenómenos paranormales siguen presentando la historia sin el contexto crítico adecuado, priorizando el entretenimiento sobre el rigor histórico, lo que contribuye a que nuevas generaciones sigan descubriendo la leyenda sin conocer la extensa documentación que la contradice.

    ¿Cuál es la mejor forma de resumir la conclusión sobre el Experimento Filadelfia?

    La explicación más respaldada por la evidencia histórica disponible es que se trata de una leyenda urbana surgida de la combinación entre un programa técnico real pero mucho menos espectacular (la desmagnetización naval), el testimonio no corroborado de una sola persona con problemas de credibilidad documentados, y décadas de refuerzo posterior a través de libros, cine y televisión que priorizaron el atractivo narrativo sobre la verificación histórica rigurosa. No existe, a día de hoy, ninguna prueba física, documental o testimonial independiente que confirme que la Marina de los Estados Unidos volvió invisible o teletransportó un buque de guerra en 1943.

    ¿Dónde puedo consultar los registros oficiales del USS Eldridge si quiero verificarlo por mi cuenta?

    Los registros de servicio de buques de la Marina estadounidense de esta época, incluyendo el del USS Eldridge, están disponibles públicamente a través del Naval History and Heritage Command, el organismo oficial encargado de preservar y documentar la historia naval de Estados Unidos, una fuente primaria mucho más fiable que cualquier libro o documental centrado en el aspecto sensacionalista de la leyenda.

    En definitiva, el Experimento Filadelfia funciona hoy mejor como una lección de pensamiento crítico que como un misterio sin resolver: nos recuerda la importancia de contrastar fuentes, valorar la credibilidad de los testigos y distinguir entre secretismo militar real y especulación sin fundamento, algo tan útil para analizar leyendas de los años 40 como para navegar la información que consumimos a diario en el presente.

    Y si algo demuestra este caso concreto, es que las mejores historias de misterio no siempre son las que resultan ciertas, sino las que mejor explican por qué tantas personas, durante tantas décadas, quisieron creer que lo eran.

    ¿Ha habido demandas legales relacionadas con el uso comercial de esta leyenda?

    No se conocen litigios significativos directamente relacionados con los derechos de la historia original, aunque sí ha habido disputas comerciales habituales en la industria del entretenimiento en torno a los derechos de adaptación cinematográfica del libro de Berlitz y Moore, un aspecto meramente contractual que no aporta ninguna evidencia adicional sobre la veracidad del relato en sí.

    Estos detalles administrativos, aunque menores, confirman una vez más que el interés en torno a esta historia sigue siendo, ochenta años después, puramente cultural y comercial, no una consecuencia de nueva evidencia histórica que respalde los hechos originales narrados por Allende.

    Como tantas otras leyendas del siglo XX, seguirá contándose, eso sí, durante muchas décadas más.

    Y quizás esa persistencia, más que cualquier campo magnético, sea el verdadero fenómeno digno de estudio en toda esta fascinante historia naval.

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